La era más difícil también puede ser la mayor oportunidad espiritual
- Max Parra
- 28 ago
- 6 min de lectura
¿Y si la dificultad para encontrar paz fuera precisamente el comienzo del camino?

Vivimos en una época extraña. Nunca tuvimos tanto acceso a información, enseñanzas, libros, maestros y prácticas espirituales. Sin embargo, pocas veces la mente humana estuvo tan dispersa.
Queremos permanecer en silencio, pero revisamos el teléfono. Queremos vivir el presente, pero pensamos constantemente en lo que pasó y en lo que podría suceder. Queremos descubrir quiénes somos, aunque dedicamos casi toda nuestra energía a construir la imagen que mostramos a los demás.
Por eso creo que estamos viviendo una era extraordinaria para trabajar espiritualmente. No porque sea una época tranquila, sino porque el conflicto se ha vuelto imposible de ignorar.
La misma agitación que nos aleja de nuestro interior puede obligarnos a buscar algo más profundo.
El dilema del primer hombre que se encontro con dios; Arjuna sigue siendo nuestro dilema
En la Bhagavad-gītā, después de escuchar la descripción de un sistema de yoga basado en el dominio de la mente, Arjuna responde:
«El sistema de yoga que has resumido me parece impráctico e intolerable, ya que la mente es inquieta e inestable».
Arjuna no era una persona débil. Era un gran guerrero, poseía disciplina y tenía al propio Kṛṣṇa frente a él. Aun así, reconoció honestamente que controlar la mente le parecía tan difícil como detener el viento.
Si él experimentaba esa dificultad hace miles de años, ¿qué podemos decir de nosotros?
Nuestra mente recibe estímulos durante todo el día. Vivimos rodeados de pantallas, publicidad, preocupaciones económicas, deseos, comparaciones y obligaciones. Pretender abandonar inmediatamente todo eso para retirarnos a una montaña no es una posibilidad real para la mayoría.
Pero reconocerlo no significa renunciar al yoga. Significa encontrar una práctica que pueda entrar en nuestra vida tal como es.
La espiritualidad de esta época no consista en escapar del mundo, sino en aprender a recordar lo esencial mientras seguimos viviendo dentro de él.
El carruaje que creemos conducir
La Kaṭha Upaniṣad compara el cuerpo con un carruaje. El ser es el pasajero; la inteligencia, el conductor; la mente, las riendas; y los sentidos, los caballos.
La imagen es sencilla, pero describe nuestra experiencia con enorme precisión.
Los sentidos persiguen aquello que produce placer o evita dolor. La mente corre detrás de cada impresión, mientras la inteligencia intenta indicarle una dirección. Cuando las riendas no están firmes, los caballos deciden hacia dónde va el carruaje.
Creemos que estamos eligiendo, pero muchas veces solamente estamos reaccionando.
Decimos: «Yo quiero esto», «esto me pertenece», «yo soy así». Sin embargo, ¿quién es ese “yo”? ¿Es el pasajero consciente o es una combinación de recuerdos, deseos, miedos y sensaciones tomando decisiones automáticamente?
La mente no es nuestra enemiga. Es un instrumento extraordinario. El sufrimiento comienza cuando el instrumento ocupa el lugar del conductor y nosotros olvidamos que somos el pasajero.
Una práctica posible para una mente inquieta
La tradición del bhakti-yoga, especialmente la enseñanza difundida por Śrī Caitanya, propone el canto de los nombres divinos como un método directo para esta época:
Hare Kṛṣṇa, Hare Kṛṣṇa,Kṛṣṇa Kṛṣṇa, Hare Hare.Hare Rāma, Hare Rāma,Rāma Rāma, Hare Hare.
El mantra no obliga a la mente a quedarse vacía. Le ofrece una dirección.
Cuando intentamos expulsar los pensamientos, muchas veces les damos todavía más fuerza. El mantra trabaja de otra manera: cada vez que la mente se dispersa, regresamos al sonido. No peleamos con ella; la orientamos.
Aquí encuentro lo extraordinario de nuestra época. Aunque no podamos retirarnos durante años a una selva o una montaña, podemos detenernos algunos minutos, respirar y recordar. La práctica puede comenzar en una habitación, durante un viaje o en medio de un día difícil.
Lo sagrado ya no depende únicamente del lugar donde estamos, sino de la dirección que le damos a nuestra atención.
Materia, conciencia y la pregunta por el “yo”
Existen ocho energías materiales: tierra, agua, fuego, aire, éter, mente, inteligencia y ego. Las cinco primeras constituyen los elementos físicos; las otras tres pertenecen a una dimensión más sutil de nuestra experiencia.
Después distinguimos esa naturaleza material de otra energía superior: la entidad viviente, el principio consciente que utiliza y anima el cuerpo.
El cuerpo pertenece a la materia. La mente también cambia. Los pensamientos aparecen y desaparecen; la personalidad se transforma; incluso la idea que tenemos de nosotros mismos puede modificarse completamente con los años.
Pero algo permanece observando esos cambios.
Podemos transformar la materia, construir una casa o levantar una ciudad, pero no somos la causa última de la existencia. Formamos parte de una realidad que nos precede y continuará después de nosotros.
La Gītā presenta a Kṛṣṇa como el fundamento tanto de la energía material como de la espiritual, el origen y la disolución de la manifestación cósmica.
Esto conduce inevitablemente a una pregunta:
Si mi cuerpo pertenece a la naturaleza material y mi conciencia a la naturaleza espiritual, ¿qué es exactamente aquello que llamo “yo”?
No necesitas responderla rápidamente. Una respuesta aprendida puede convertirse en otra idea acumulada por la mente. La pregunta debe permanecer viva hasta convertirse en experiencia.
La libertad, el deseo y el karma
Dios no elimina nuestra capacidad de elegir. Incluso cuando buscamos únicamente satisfacción material, se nos permite caminar en esa dirección y experimentar sus consecuencias.
Esta libertad tiene un precio: cada deseo orienta nuestra atención, cada acción produce una impresión y cada repetición fortalece una manera de vivir.
La Bhagavad-gītā denomina karma a la acción vinculada con el desarrollo de la existencia material. No se trata solamente de un premio o un castigo exterior. El karma también puede comprenderse como el proceso mediante el cual nuestra conciencia construye las condiciones que después experimentará.
Lo que pensamos constantemente se convierte en tendencia. La tendencia se transforma en acción. La acción repetida forma nuestro carácter y el carácter termina dirigiendo nuestra vida.
Por eso la libertad no consiste simplemente en hacer todo lo que deseamos. La verdadera libertad comienza cuando podemos observar de dónde procede el deseo antes de obedecerlo.
La muerte no improvisa nuestro último pensamiento
La Gītā afirma:
«Cualquier estado de existencia que uno recuerde cuando abandone el cuerpo, ese estado alcanzará sin falta».
Esta enseñanza no debería producir miedo. Debería hacernos observar cómo estamos viviendo ahora.
No podemos pasar toda la vida absorbidos por la ansiedad, la posesión y el conflicto, esperando alcanzar mágicamente un estado de paz durante el último instante. Los pensamientos que aparecen ante la muerte se han estado formando durante toda la vida.
Cada día estamos practicando para ese momento, aunque no seamos conscientes de ello.
Aquello que recordamos constantemente se convierte en nuestro refugio. Por eso el mantra no es solamente una repetición religiosa: es una forma de enseñarle a la mente hacia dónde regresar.
Frente al tiempo cósmico
La cosmología de la Bhagavad-gītā describe ciclos de tiempo inmensos. Mil ciclos de cuatro eras —Satya, Tretā, Dvāpara y Kali— constituyen apenas un día de Brahmā, seguido por una noche de la misma duración. Incluso Brahmā, cuya existencia parece inconcebiblemente extensa desde nuestra perspectiva, permanece dentro del nacimiento y la disolución.
Esta imagen cambia la escala desde la cual miramos nuestros problemas.
Aquello que hoy parece definitivo puede ser apenas un instante. Civilizaciones enteras aparecen y desaparecen. Los cuerpos nacen, crecen y mueren. Los universos se manifiestan y vuelven a un estado no manifestado.
Pero seguimos actuando como si pudiéramos encontrar seguridad permanente dentro de aquello que cambia.
Tal vez el propósito de contemplar el tiempo cósmico no sea memorizar cifras, sino reconocer nuestra situación: estamos intentando construir eternidad con materiales temporales.
Ver lo divino en todas partes
Kṛṣṇa declara:
«Aquel que Me ve en todas partes y que ve todo en Mí, Yo nunca lo pierdo a él, y él nunca Me pierde a Mí».
Ver a Dios en todas partes no significa repetir que todo es divino mientras continuamos viviendo distraídos. Significa comenzar a reconocer que nada existe completamente separado de la fuente que lo sostiene.
La tierra, el agua, el fuego, el aire, el espacio, la mente y la inteligencia forman parte de una misma energía. El ser que tenemos delante también participa de esa realidad.
Cuando esta comprensión deja de ser una teoría, nuestra relación con el mundo cambia. Ya no observamos la naturaleza solamente como un recurso ni a las personas únicamente según lo que pueden ofrecernos. Comenzamos a percibir una presencia común detrás de las diferencias.
Quizá ahí comience el amor espiritual: no como emoción pasajera, sino como la incapacidad de sentirnos completamente separados.
Una práctica para comenzar hoy
Siéntate durante diez minutos en un lugar tranquilo.
Respira lentamente tres veces y observa el movimiento de la mente sin intentar corregirlo. Después repite el mantra en voz baja o mentalmente:
Hare Kṛṣṇa, Hare Kṛṣṇa,Kṛṣṇa Kṛṣṇa, Hare Hare.Hare Rāma, Hare Rāma,Rāma Rāma, Hare Hare.
Cuando aparezca un pensamiento, no luches contra él. Reconócelo y vuelve al sonido. Si la mente se dispersa cien veces, regresa cien veces.
Al terminar, permanece un minuto en silencio y pregúntate:
¿Qué permanece aquí cuando dejo de seguir cada pensamiento?
No busques una respuesta intelectual. Obsérvalo.
Quizá esta era sea oscura, inquieta y contradictoria. Pero precisamente por eso cada instante de atención tiene un valor inmenso. Cuando todo intenta llevarnos hacia afuera, volver conscientemente hacia el interior se convierte en un acto revolucionario.
La dificultad de esta época no tiene por qué alejarnos del camino. Puede ser aquello que finalmente nos obligue a recorrerlo.
No me creas. Experiméntalo.
Textos de referencia: Bhagavad-gītā 6.30, 6.33–34, 7.4–6, 7.21–22, 7.29, 8.3, 8.6 y 8.17–19; Kaṭha Upaniṣad 1.3.3–9. Las explicaciones devocionales corresponden a la tradición vaiṣṇava y se integran aquí con una reflexión personal.
Comentarios