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¿Y si la muerte no fuera el final de la vida?

Foto del escritor: Max Parra
Max Parra
17 jul
4 min de lectura

Actualizado: 23 jul

La pregunta más profunda no es «¿qué sucede después de la muerte?», sino «¿quién soy yo antes de morir?



Constantemente, a pesar de que solemos escuchar que la muerte no es el final, ya sea a través de distintas asociaciones filosóficas o religiosas —como «vamos al cielo después de la muerte»—, en nuestro día a día se nos hace muy difícil experimentar que la muerte solo es un concepto creado y adoptado por nuestra mente para darle inicio a más vida.

Sí, aunque suene insensato por mi parte, es porque ahora, en tu mente, se está cuestionando tu juicio sobre lo que es la muerte o el vivir. Esto sucede, en primer lugar, porque tu mente comienza a buscar esta información en la memoria, que funciona como una base de datos de recuerdos sobre la muerte. Pero lo que no contiene es toda la información de la existencia del cosmos o de todos los universos que tu mente limitada o memoria pueda imaginar.


Cuando tu mente comienza a relacionar esto, lo hace desde una memoria limitada. Imagina tu visión, la que tienes alrededor en este momento, o la capacidad de percepción que tienes. ¿Cuánto puedes ver? ¿20 metros? ¿50 metros? Quizás, si te encuentras en un lugar con una vista más amplia, unos kilómetros…

Un estudio reciente de este año 2026 por parte de la Nasa demuestra que se ha identificado 31 de los cuásares más antiguos jamás observados; dos se remontan a una época en la que el universo tenía aproximadamente el 5 % de su edad actual.


Esto es un dato de escala enorme.


Cada ser humano vive aproximadamente:

una vida de décadas


El universo lleva existiendo:


miles de millones de años


La existencia individual aparece como algo extremadamente breve frente a la escala cósmica.


Pero lo que quiero decir es que, si aun pudiendo solo ver unos kilómetros estás interpretando con esa mente limitada toda la existencia del universo y, encima de eso, haces un juicio y creas un concepto al que llamas «muerte», entonces toda tu vida se basa en ese concepto.

Verás, la muerte no representa el final de la existencia, sino una transición hacia un nuevo cuerpo, determinada por el estado de conciencia y el resultado de nuestro trabajo. Puedes disfrutar de él o sufrir los resultados de él —karma—. Aunque no recordemos nuestras vidas anteriores, la conciencia mantiene una continuidad que influye en nuestro desarrollo espiritual.


Recuerdo que una vez me dirigía en mi motocicleta a gran velocidad, quizás a unos 150 kilómetros por hora, por una ruta que desconocía. En ese momento, un chofer de colectivo que venía frente a mí me hizo cambio de luces. En su lenguaje, me estaba diciendo que tenía que bajar la velocidad porque se acercaba una curva casi recta, con una caída de unos 70 metros. A esa velocidad, era claro que iba directo hacia mi «muerte».

Ignorándolo, continué conduciendo. Al ver la curva, cuando faltaban unos 100 metros, me di cuenta de que ya era tarde. Pero, aun así, mi instinto me hizo girar y quedé colgado de la barandilla de la curva.


Fue tan repentino el hecho que, en ese momento, mi mente no tuvo tiempo siquiera de pensar en si iba a morir o no. Simplemente experimenté la situación.

Entonces, lo que me condicionó en ese momento a pensar que iba a morir fue lo que sucedió después, cuando mi mente tuvo lugar para hacerlo: cuando me recuperé y recordé todo lo que acababa de suceder. Esto ocurrió por el hecho de que me identificaba con mi cuerpo.


Por eso, en las historias que cuentan las personas sobre ver pasar su vida o sobre sentir que van a morir, esto sucede porque se identifican con este cuerpo material. De lo contrario, no sucedería.


Verán, la naturaleza de la mente es fluctuante. A veces acepta algo e inmediatamente lo rechaza. Aceptar y rechazar es el proceso de la mente en contacto con los cinco objetos de gratificación sensorial: forma, gusto, olfato, sonido y tacto.


De manera especulativa, la mente entra en contacto con los objetos de gratificación sensorial y, cuando el ser vivo desea un tipo particular de cuerpo, lo obtiene. Por lo tanto, el cuerpo es una ofrenda según las leyes de la naturaleza material.

El ser vivo acepta un cuerpo y regresa al mundo material para disfrutar o sufrir según la constitución de ese cuerpo. La sabiduría védica explica que, a menos que tengamos un tipo particular de cuerpo, no podemos disfrutar ni sufrir.


No me creas. Experiméntalo.


Aplicación práctica


Durante una semana, haz lo siguiente:

  • Medita diariamente contemplando la diferencia entre el cuerpo y el observador.

  • Recita 27 veces el Maha Mrityunjaya Mantra después de la meditación.

  • Observa durante el día cuándo aparece la identificación con el cuerpo o el miedo a la muerte.

  • Antes de dormir, reflexiona:

«¿Cómo habría vivido este día si recordara que el cuerpo es transitorio?»


El mantra

Om Tryambakam YajamaheSugandhim Pushti-VardhanamUrvarukamiva BandhananMrityor Mukshiya Maamritat


Una traducción sencilla sería:

«Meditamos en el Ser de los tres ojos, que nutre toda la vida. Que podamos ser liberados del apego a la muerte, así como un fruto maduro se desprende naturalmente de su tallo, sin separarnos de nuestra naturaleza inmortal.»

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