LA VIDA COMO SĀDHANA

Una visión integral del Yoga y la transformación de la conciencia a partir de las enseñanzas de David Frawley
Cuando pensamos en una práctica espiritual solemos imaginar un momento específico del día: sentarnos a meditar, realizar una secuencia de Yoga, practicar prāṇāyāma o repetir un mantra.
Pero ¿qué ocurre con las otras veintitrés horas?
¿Qué ocurre con aquello que comemos, las imágenes que observamos, las conversaciones que mantenemos, nuestra manera de respirar, nuestras relaciones, nuestros pensamientos y las motivaciones detrás de nuestras acciones?
A lo largo de una entrevista con el Dr. David Frawley aparece una comprensión mucho más amplia de la práctica espiritual.
Desde esta perspectiva, la transformación de la conciencia no comienza solamente cuando cerramos los ojos para meditar.
Comienza en la manera en que vivimos.
EL PROPÓSITO: LA AUTORREALIZACIÓN
Frawley sitúa el punto de partida en una idea fundamental: la tradición védica tiene como finalidad última la autorrealización.
No se trataría simplemente de sentirnos mejor, reducir el estrés o adquirir determinados conocimientos espirituales.
La búsqueda apunta hacia el reconocimiento de nuestra naturaleza más profunda.
Dentro de la perspectiva que presenta, existe una relación orgánica entre:
cuerpo → mente → conciencia
pero también habla de un Ser superior que trasciende tanto el cuerpo como la mente.
Por eso, la transformación espiritual requiere preparar la mente para poder percibir aquello que normalmente queda oculto detrás de su propio movimiento.
Aquí aparece uno de los conceptos centrales de la tradición:
SATTVA
Sattva es la cualidad de claridad, equilibrio, luminosidad y serenidad.
Cuando la mente se encuentra agitada resulta difícil observar profundamente.
Cuando está embotada ocurre lo mismo.
Pero cuando la mente se vuelve tranquila, clara y silenciosa, aparece otra posibilidad de percepción.
La finalidad de la práctica no consiste entonces solamente en producir experiencias.
Consiste en transformar progresivamente la calidad de nuestra conciencia.
LA MENTE TAMBIÉN SE ALIMENTA
Una de las ideas más interesantes que desarrolla Frawley es que las impresiones que recibimos a través de nuestros sentidos alimentan nuestra mente de manera semejante a como los alimentos nutren nuestro cuerpo.
Pensamos cuidadosamente:
¿Qué voy a comer?
Pero pocas veces nos preguntamos:
¿Qué estoy permitiendo entrar constantemente en mi mente?
Imágenes.
Conversaciones.
Redes sociales.
Música.
Noticias.
Ambientes.
Personas.
Experiencias.
Todo aquello con lo que entramos en contacto deja alguna clase de impresión.
Desde la perspectiva ayurvédica presentada por Frawley, trabajar con la mente requiere entonces trabajar también con el entorno que continuamente la alimenta.
Por eso menciona diferentes herramientas:
alimentación,
ejercicio,
respiración,
visualización,
sonido,
mantra,
meditación
y modificación consciente de las impresiones sensoriales.
La mente deja de ser observada como una realidad aislada.
Forma parte de un sistema.
SAṂSKĀRA: LAS HUELLAS QUE VAN CONSTRUYENDO NUESTRA MENTE
Aquí aparece uno de los conceptos más profundos de toda la entrevista:
saṃskāra.
Cada experiencia puede dejar una impresión.
Las experiencias repetidas profundizan determinadas impresiones.
Y esas impresiones pueden transformarse en tendencias que condicionan nuestra manera de pensar, sentir y actuar.
Podemos imaginarlo así:
experiencia → impresión → tendencia → conducta → nueva experiencia
La repetición termina construyendo caminos.
Por eso Frawley propone algo importante:
no basta necesariamente con descubrir nuestros patrones negativos.
También necesitamos cultivar conscientemente patrones superiores.
Una rutina de meditación.
Una alimentación adecuada.
Un retiro espiritual.
La repetición de un mantra.
La visita a un lugar sagrado.
El servicio.
Una determinada disciplina.
Cada acción repetida conscientemente puede convertirse en una nueva impresión.
La transformación deja entonces de ser únicamente:
“¿Cómo elimino aquello que no quiero ser?”
y comienza a convertirse en:
“¿Qué debo cultivar diariamente para convertirme en aquello que quiero realizar?”
SĀDHANA: CULTIVAR CONSCIENTEMENTE LA CONCIENCIA
Desde aquí podemos comprender mejor el significado de sādhana.
Sādhana no sería simplemente realizar una técnica espiritual.
Es una práctica sostenida orientada hacia la transformación.
Y esta práctica puede ocurrir simultáneamente en distintos niveles.
En el cuerpo mediante āsana.
En la energía mediante prāṇāyāma.
En los sentidos mediante pratyāhāra.
En la mente mediante mantra y meditación.
En el carácter mediante yama y niyama.
En nuestras acciones mediante Karma Yoga.
En el corazón mediante Bhakti.
En nuestra identidad mediante la autoindagación.
Por eso el Yoga comienza a aparecer no como una técnica aislada, sino como un sistema integral de transformación del ser humano.
EL YOGA NO ES SOLAMENTE ĀSANA
Frawley realiza una crítica clara a la manera en que gran parte de la cultura contemporánea ha reducido el Yoga a su dimensión física.
Āsana tiene un lugar.
El cuerpo importa.
Pero el Yoga clásico no termina allí.
Frawley recuerda que en Patañjali el Yoga está profundamente orientado hacia la concentración y la meditación.
Y aquí introduce una metáfora fundamental.
EL RECIPIENTE
La práctica de Yoga desarrolla energía.
Pero debemos preguntarnos:
¿qué clase de persona recibirá esa energía?
Si desarrollamos concentración sin trabajar nuestro carácter, tendremos mayor capacidad de concentración.
Pero eso no determina para qué utilizaremos esa capacidad.
Si aumentamos nuestra energía sin transformar nuestras motivaciones, simplemente podemos obtener más energía para continuar satisfaciendo esas mismas motivaciones.
Desde esta perspectiva:
más poder no significa necesariamente más conciencia.
Incluso una práctica espiritual puede fortalecer el ego si aquello que recibe la energía continúa organizado alrededor del ego.
Por eso aparecen antes y durante la práctica:
yama y niyama.
Verdad.
No violencia.
Pureza.
Disciplina.
Valores.
Carácter.
No funcionan simplemente como mandamientos morales.
Preparan el recipiente.
PODER NO ES LO MISMO QUE SABIDURÍA
Esta distinción atraviesa silenciosamente toda la entrevista.
Podemos desarrollar capacidades extraordinarias sin desarrollar necesariamente sabiduría.
Podemos tener:
más información,
más concentración,
más energía,
más influencia,
más conocimiento,
y continuar actuando desde el ego.
La pregunta espiritual no sería solamente:
¿Cuánto poder puedo desarrollar?
Sino:
¿quién utilizará ese poder?
Esta pregunta resulta especialmente relevante en una época donde la humanidad está desarrollando capacidades tecnológicas cada vez mayores.
El crecimiento de nuestra capacidad externa no garantiza automáticamente una transformación equivalente de nuestra conciencia.
EL GURU: MÁS QUE INFORMACIÓN
La misma distinción aparece cuando Frawley habla del maestro espiritual.
Un profesor puede transmitir información.
Pero el guru, dentro de la concepción que desarrolla, debería representar algo más:
una posibilidad viva de transformación de la conciencia.
Por eso el ejemplo personal adquiere importancia.
No se trata solamente de escuchar lo que una persona dice.
También importa:
cómo vive,
qué transmite,
qué produce su presencia,
qué relación mantiene con el ego.
Frawley recuerda una idea asociada a Ramana Maharshi: alrededor de un verdadero maestro debería sentirse una cierta cualidad de paz capaz de aquietar nuestras dudas.
Esto conduce hacia una advertencia fundamental.
CARISMA NO ES REALIZACIÓN
Una personalidad puede resultar extraordinariamente magnética y continuar funcionando desde el ego.
Frawley incluso relaciona cierto carisma con rajas: energía, movimiento, deseo y actividad.
Por eso aconseja no correr detrás de personalidades famosas ni perseguir experiencias extraordinarias.
Propone algo mucho menos espectacular:
sinceridad, paciencia, práctica y discernimiento.
EL PELIGRO DE LA “ILUMINACIÓN INSTANTÁNEA”
Existe una industria alrededor de la búsqueda espiritual.
Y donde existe deseo, también existe la posibilidad de explotación.
Frawley compara las promesas de iluminación instantánea con los esquemas que prometen:
“hazte rico rápidamente”.
Solo que ahora la promesa sería:
“ilumínate rápidamente”.
El mecanismo psicológico puede ser parecido.
Queremos obtener un resultado extraordinario sin atravesar necesariamente la transformación que ese resultado exigiría.
Pero Frawley insiste:
la transformación de la conciencia requiere tiempo.
Por eso propone:
buscar paz en lugar de perseguir experiencias.
Una experiencia puede ser intensa.
Puede emocionarnos.
Puede producir una sensación extraordinaria.
Pero posteriormente desaparecer.
La transformación auténtica tendría que modificar progresivamente:
nuestras acciones,
nuestro carácter,
nuestras relaciones,
nuestros pensamientos
y nuestra manera de estar en el mundo.
DHARMA: LA VIDA NO EXISTE AISLADAMENTE
Cuando la entrevista entra en los valores espirituales aparece otro concepto fundamental:
Dharma.
Frawley lo relaciona con una comprensión de la unidad e interdependencia existentes en diferentes niveles de la realidad.
No somos entidades completamente separadas.
Respiramos aquello que produce el mundo vegetal.
Comemos aquello que proporciona la tierra.
Dependemos de otros seres.
Otros seres dependen de nuestras acciones.
Nuestra existencia ocurre dentro de una enorme red de relaciones.
Cuando esta interdependencia deja de ser solamente una idea intelectual y comienza a sentirse profundamente, puede aparecer naturalmente otra cualidad:
compasión.
BHAKTI: ENCONTRAR LO DIVINO EN EL MUNDO
Desde esta perspectiva, Bhakti Yoga tampoco queda limitado a amar a una divinidad distante.
Frawley habla de reconocer:
la presencia divina en la naturaleza,
la Madre Divina en la Tierra,
el espíritu divino manifestándose a través del Sol.
Entonces la devoción modifica nuestra manera de observar.
El mundo deja de ser simplemente un conjunto de objetos disponibles para nuestro uso.
Puede comenzar a percibirse como una manifestación de algo sagrado.
KARMA YOGA: CUANDO LA ACCIÓN SE CONVIERTE EN SERVICIO
Pero la vida no es solamente contemplación.
La vida también es acción.
Por eso Frawley considera fundamental el Karma Yoga.
Y coloca en su centro una palabra:
SEVA
Servicio.
Habitualmente actuamos preguntándonos:
¿Qué obtendré de esto?
El Karma Yoga introduce otra posibilidad:
¿Cómo puede mi acción servir?
Esto transforma incluso nuestra práctica espiritual.
El Yoga deja de ser únicamente algo que realizamos para:
mi tranquilidad,
mi bienestar,
mi evolución,
mi iluminación.
La propia transformación puede ponerse al servicio de algo mayor.
Entonces aparece un cambio fundamental:
de la gratificación personal al servicio.
RESPIRACIÓN: EL PUENTE HACIA EL INTERIOR
Otro elemento fundamental para Frawley es el prāṇāyāma.
Nuestra respiración se encuentra relacionada con nuestro estado emocional y mental.
Una respiración agitada acompaña determinados estados.
Una respiración superficial acompaña otros.
Frawley utiliza conscientemente el prāṇāyāma como preparación para la meditación.
La respiración ayuda a retirar progresivamente la atención del exterior.
Aquí aparece:
PRATYĀHĀRA
La interiorización de los sentidos.
La dirección comienza a cambiar:
exterior → interior.
La energía que normalmente se dispersa continuamente hacia objetos externos comienza a recogerse.
MANTRA: TRANSFORMAR EL RUIDO INTERIOR
Después aparece el mantra.
Durante la meditación, una de las mayores dificultades es la corriente continua de pensamientos.
Recuerdos.
Preocupaciones.
Deseos.
Conversaciones internas.
Imágenes.
Frawley entiende el mantra como una manera de transformar progresivamente ese patrón.
En lugar de sentarnos y ser inmediatamente arrastrados por nuestros pensamientos subconscientes, el mantra introduce deliberadamente otra impresión.
Utiliza como ejemplo:
Om Namaḥ Śivāya.
La repetición comienza a convertirse en un nuevo saṃskāra.
Y así volvemos al principio.
La práctica repetida modifica las impresiones.
Las impresiones modifican tendencias.
Las tendencias modifican nuestra experiencia.
Todo está conectado.
¿QUÉ ES REALMENTE MEDITAR?
Frawley hace aquí una distinción especialmente importante:
técnica de meditación
no es necesariamente lo mismo que
estado meditativo.
Sentarnos.
Cerrar los ojos.
Respirar.
Repetir un mantra.
Todo esto puede formar parte de una técnica.
Pero la técnica tiene una función:
preparar la mente.
Para Frawley, el estado meditativo aparece cuando la mente alcanza una cualidad de:
concentración, quietud y silencio.
Aquí introduce ekāgratā:
la mente dirigida hacia un único punto.
Cuando disminuye la fragmentación mental aparece un espacio diferente de percepción.
Por eso afirma algo fundamental:
la preparación para la meditación es tan importante como la meditación misma.
LA SĀDHANA PERSONAL DE FRAWLEY
Hacia el final de la entrevista, Frawley revela su propia práctica.
Su aproximación posee tres pilares iniciales:
PRĀṆĀYĀMA
para interiorizar y energizar la mente.
↓
MANTRA
para trabajar con los patrones subconscientes.
↓
MEDITACIÓN
para entrar en un estado más silencioso y carente de forma.
Pero dentro de la meditación incorpora dos movimientos adicionales.
AUTOINDAGACIÓN
Relacionada especialmente con las enseñanzas de Ramana Maharshi.
Preguntar.
Investigar.
Observar profundamente.
Examinar el significado de nuestra existencia y la naturaleza de aquello que llamamos “yo”.
Y después:
ENTREGA
Abrirse hacia una realidad superior.
Entregarse a lo Divino.
Frawley relaciona esa realidad divina con nuestro propio Ser superior.
LA PRÁCTICA COMO UNA DANZA
Quizá uno de los aspectos más interesantes de su práctica es que no la describe como una fórmula mecánica.
Si aparece somnolencia:
prāṇāyāma.
Si determinado mantra surge naturalmente:
mantra.
Si la mente entra espontáneamente en silencio:
permanecer en silencio.
Frawley lo compara con:
una danza,
un tapiz,
construir una casa,
cultivar un jardín.
La práctica madura deja de ser una sucesión rígida de técnicas.
Se convierte progresivamente en una relación consciente con nuestro propio estado interior.
CULTIVAR EL TERRENO
Y finalmente llegamos a una de las metáforas más profundas de toda la entrevista.
Frawley dice que:
nuestro estilo de vida es el terreno donde cultivamos las plantas del desarrollo espiritual.
Podemos poseer la mejor semilla.
Pero si la tierra nunca ha sido preparada, la semilla difícilmente crecerá.
La meditación puede ser una excelente semilla.
El mantra puede ser una excelente semilla.
El Yoga puede ser una excelente semilla.
Pero debemos observar:
¿sobre qué terreno estamos intentando cultivarlos?
Si durante todo el día alimentamos:
agitación,
deseo,
distracción,
violencia,
resentimiento,
exceso de estímulos,
y después pretendemos apagarlo todo instantáneamente cuando nos sentamos veinte minutos a meditar, quizá estamos intentando cultivar una semilla sin haber preparado el suelo.
Entonces comprendemos algo fundamental.
LA SĀDHANA NO COMIENZA CUANDO CERRAMOS LOS OJOS.
Comienza cuando despertamos.
En aquello que consumimos.
En aquello que pensamos.
En aquello que observamos.
En cómo respiramos.
En cómo tratamos a otras personas.
En aquello que hacemos cuando nadie nos observa.
En nuestra relación con el cuerpo.
En nuestra relación con la naturaleza.
En nuestra relación con el servicio.
En nuestra relación con nosotros mismos.
DE PRACTICAR YOGA A VIVIR EL YOGA
Quizá aquí encontramos la diferencia fundamental.
Podemos hacer Yoga durante una hora.
O podemos comenzar progresivamente a vivir el Yoga.
Cuando la práctica sale del mat y entra en:
nuestras relaciones,
nuestra alimentación,
nuestra palabra,
nuestras decisiones,
nuestro trabajo,
nuestro servicio,
nuestra respiración,
nuestra manera de observar,
entonces Yoga deja de ser una actividad dentro de nuestra vida.
La propia vida comienza a convertirse en Yoga.
Y quizás ese sea el significado más profundo de sādhana.
No escapar de la existencia.
No perseguir constantemente experiencias extraordinarias.
No construir una identidad espiritual.
Sino utilizar conscientemente cada dimensión de nuestra existencia como terreno para el conocimiento de nosotros mismos.
REFLEXIÓN FINAL
Vivimos en una época obsesionada con las técnicas.
Queremos saber:
qué meditación realizar,
qué mantra repetir,
qué respiración practicar,
qué postura ejecutar,
qué maestro seguir.
Pero quizá exista una pregunta anterior:
¿qué clase de ser humano estamos construyendo mediante nuestra forma cotidiana de vivir?
Porque podemos perfeccionar una técnica y continuar siendo esclavos de nuestros mismos patrones.
Podemos aumentar nuestra energía y fortalecer nuestro ego.
Podemos acumular conocimiento espiritual sin conocernos realmente.
Podemos perseguir maestros sin haber aprendido a observar nuestra propia mente.
Podemos buscar iluminación sin transformar nuestra manera de tratar a quienes tenemos al lado.
Entonces el camino cambia.
La pregunta deja de ser solamente:
“¿Qué práctica debo hacer?”
Y comienza a ser:
“¿En qué debe convertirse mi vida para que la verdad que busco pueda manifestarse a través de ella?”
Quizás allí comienza realmente la sādhana.
No cuando intentamos escapar de quienes somos, sino cuando cada aspecto de nuestra vida se convierte conscientemente en parte de nuestra transformación.
Artículo elaborado a partir del estudio de una entrevista al Dr. David Frawley (Pandit Vamadeva Shastri) sobre Ayurveda, Yoga, sādhana, guru, Dharma, Karma Yoga, mantra y meditación.

Comentarios