Sufrimiento o alegría: ¿qué eliges?
Actualizado: 27 ago

La necesidad de expandirnos
Como una planta busca expandirse hacia el cielo lo más que puede, nunca se detiene así la cortes, continúa su crecimiento una y otra vez.
Nosotros tenemos la misma necesidad existencial de crecer y expandirnos. De hecho, si observamos la misma creación del cosmos, vemos que se expande continuamente y no mira hacia atrás.
¿Acaso el cosmos te pregunta si puede o no crecer?
¿Acaso el Sol les pregunta a las plantas si puede iluminar o no?
El Sol continúa iluminando, quieras o no quieras.
Y de esa energía creadora somos parte cada uno de nosotros.
Mientras la energía crezca, nadie ni nada va a poder detener esa necesidad de crecimiento que, desde mi perspectiva, es profundamente divina.
Lo que quiero decir es que esta energía creadora forma parte de nuestra existencia y nos conecta con todo el cosmos. Sin embargo, nuestra mente puede transformar esta necesidad natural de expansión en una necesidad material.
¿Alguna vez escuchaste decir a un astronauta o a un científico que ya estaba completamente realizado con su trabajo?
Generalmente siempre quieren más.
Si llegan a la Luna, quieren llegar a Marte.
Si llegan a Marte, quieren llegar a otro lugar.
Y quizás el problema no sea querer crecer.
Quizás el problema sea confundir la existencia con la necesidad.
Una cosa es crecer, expandirse y explorar.
Otra cosa muy diferente es creer que solo podremos sentirnos completos cuando alcancemos algo que todavía no tenemos.
Un día escuché una frase que dice:
Mientras la mente quiere comprender lo infinito, el corazón lo alcanza inmediatamente.
Verás, yo no conozco la Luna, no conozco otros planetas ni he estado en el espacio.
Pero sí he dado la vuelta al universo más de una vez.
Y lo hago en cada momento en que hablo con mis padres.
Tal vez el universo que buscamos recorrer no siempre se encuentra fuera de nosotros.
Quizás, a veces, aquello que estamos buscando ya está frente a nosotros, pero nuestra mente se encuentra demasiado ocupada intentando llegar a otro lugar.
La historia de Ganesha
Voy a contarte una historia sobre Ganesha, la deidad que representa la sabiduría.
Un día llega un sabio y le dice al padre de Ganesha:
—Tengo un solo mango divino para darle a alguno de tus dos hijos. Este mango les dará poderes divinos que ningún dios puede obtener. Pero hay una sola condición: el primero de tus dos hijos que llegue a dar la vuelta al mundo dos veces será el ganador.
El hermano de Ganesha, al ser uno de los dioses más rápidos del cosmos, en solo dos segundos había dado la vuelta al mundo cuatro veces.
Ganesha, sin poder competir con la velocidad de su hermano, se dispuso a meditar frente a su madre y su padre.
Inmediatamente se levantó, les dio la vuelta a sus padres y se sentó a su lado.
Al aparecer el sabio, le entregó el mango divino.
Toda la familia, desconcertada, le preguntó:
—¿Por qué ganó Ganesha si solo dio una vuelta alrededor de sus padres?
El sabio miró a Ganesha.
Y Ganesha, con sus ojos brillosos, dijo:
Al ponerme a meditar me di cuenta de que tenía a mi padre, el dios de la creación y la disolución, y a mi madre, la diosa de la naturaleza y la fertilidad. Y ahí comprendí que mi mundo estaba frente a mí.
Esta historia plantea una pregunta que, personalmente, me parece muy profunda.
¿Podemos elegir ser como Ganesha y reconocer el valor de aquello que ya se encuentra frente a nosotros?
¿O vamos a seguir intentando recorrer todo el universo para satisfacer una necesidad que quizás nunca termine?
La verdadera batalla
En el segundo capítulo del Bhagavad-gītā aparece una reflexión profunda sobre el sufrimiento humano y la manera en que nos identificamos con este mundo material.
La muerte.
Las relaciones.
La familia.
El cuerpo.
Las posesiones.
Todas estas cosas pueden convertirse en una parte tan importante de nuestra identidad que comenzamos a creer que, sin ellas, nuestra existencia pierde sentido.
Y cuando convertimos estas cosas en una parte necesaria de nuestra existencia, elegimos sufrir.
Dios nos enseña que el cuerpo es temporal y que el alma no puede ser destruida.
Nuestra alma, según las literaturas védicas, es del tamaño de una milésima parte de la punta de un cabello.
Esto es atómico.
Esta alma individual se encuentra en el corazón y se expande por todo nuestro cuerpo. Podemos sentirla como sentimos cada parte de nuestro cuerpo porque tiene una conciencia, a la que llamamos conciencia individual.
Y por eso decimos que la energía vital se encuentra en nuestro corazón.
Ahora bien, como el alma individual es tan pequeña, nunca puede ser destruida, sino que pasa de un cuerpo a otro.
El cuerpo muere.
Pero el alma nunca lo hace.
Es eterna.
Cuando confundimos lo que poseemos con lo que somos
El sufrimiento nace de identificarnos con lo temporal.
Cuando confundimos el cuerpo y aquello que poseemos con nuestro verdadero ser, desarrollamos apego, deseo e ira, perdiendo claridad sobre la realidad.
El conocimiento comienza al reconocer que nuestra verdadera naturaleza es el alma consciente y eterna.
El apego conduce al deseo.
El deseo frustrado conduce a la ira.
La ira produce ilusión.
La ilusión confunde la memoria.
Y, al perder la inteligencia, el ser humano vuelve a caer en la confusión material.
Tal vez por eso muchas veces no sufrimos únicamente porque algo está sucediendo.
Sufrimos porque creemos que aquello que está sucediendo amenaza nuestra identidad.
Si pierdo mi relación, ¿quién soy?
Si pierdo mi trabajo, ¿quién soy?
Si pierdo mis posesiones, ¿quién soy?
Si pierdo mi cuerpo, ¿quién soy?
Y quizás aquí comienza la verdadera pregunta espiritual:
¿Quién soy cuando todo aquello que creo ser cambia?
La mente estable
La persona sabia desarrolla autocontrol, desapego y una mente estable.
Mientras la mayoría de las personas permanece absorbida por los placeres materiales, el sabio se mantiene despierto en la búsqueda de la autorrealización.
El objetivo es alcanzar una mente fija en la comprensión del ser, estado denominado samādhi.
La existencia humana puede utilizarse para resolver los problemas fundamentales de la vida.
La persona que desperdicia esta oportunidad en el apego material es comparada con alguien avaro, porque posee algo valioso pero no sabe utilizarlo.
El verdadero conocimiento consiste en comprender:
la materia;
el alma;
el Supremo.
No basta con comprender solamente el mundo material ni con conocer las reglas externas de la religión.
La persona sabia no depende completamente de las circunstancias externas para experimentar bienestar.
Su mente permanece estable frente a la felicidad y el sufrimiento, la pérdida y la ganancia, el placer y el dolor.
¿Sufrimiento o alegría?
Entonces la pregunta vuelve a aparecer:
¿Sufrimiento o alegría?
¿Qué eliges?
Quizás no podamos elegir todo lo que ocurre en nuestra vida.
Pero quizás sí podamos comenzar a observar aquello con lo que estamos identificando nuestra felicidad.
Quizás el problema no sea que deseamos crecer.
Quizás el problema sea que buscamos nuestra expansión en lugares que nunca podrán contener aquello que realmente estamos buscando.
Y quizás, al igual que Ganesha, tengamos que detenernos por un momento.
Dejar de correr.
Dejar de intentar recorrer todo el universo.
Y mirar aquello que siempre estuvo frente a nosotros.
Porque tal vez la verdadera expansión no consiste en llegar cada vez más lejos.
Tal vez consiste en comprender cada vez más profundamente quiénes somos.
Y quizás, cuando dejamos de buscar nuestra felicidad en todo lo que cambia, comenzamos a descubrir aquello que nunca dejó de estar presente.
No me creas. Experiméntalo.
Todo lo que has leído hasta aquí puede quedarse simplemente en ideas.
Puedes estar de acuerdo.
Puedes estar en desacuerdo.
Puedes pensar que el alma es eterna o que no lo es.
Pero quizás la única manera de comenzar a comprenderlo sea observar directamente tu propia experiencia.
Práctica de la semana: observar aquello de lo que depende tu felicidad
Durante los próximos siete días, reserva entre 10 y 15 minutos al día para sentarte en silencio.
Cierra los ojos y observa tu mente.
Sin intentar cambiar nada, pregúntate:
¿Qué tendría que perder para sentir que mi vida ya no tiene sentido?
No respondas inmediatamente.
Deja que aparezcan las respuestas.
Puede aparecer una persona.
Una relación.
Una posesión.
Una posición.
Un proyecto.
Tu cuerpo.
Tu imagen.
Tu futuro.
Cuando aparezca algo, observa la siguiente pregunta:
¿Estoy disfrutando de esto o creo que no puedo vivir sin esto?
No intentes eliminar tus deseos.
No intentes rechazar a las personas que amas.
No intentes dejar de disfrutar de la vida.
Simplemente observa la diferencia entre amar algo y creer que tu existencia depende de ello.
Durante la práctica, repite mentalmente:
«Esto forma parte de mi vida, pero no es la totalidad de lo que soy».
Después, permanece unos minutos en silencio y observa qué sucede en tu mente cuando no intentas alcanzar nada.
Mantra de la práctica
Puedes acompañar esta práctica con el mantra:
Hare Krishna Mahāmantra
Hare Krishna, Hare Krishna,Krishna Krishna, Hare Hare,Hare Rama, Hare Rama,Rama Rama, Hare Hare.
Puedes repetirlo durante 5, 10 o 15 minutos.
No lo utilices únicamente como una forma de pedir algo.
Intenta escucharlo.
Cada repetición puede convertirse en una oportunidad para regresar al momento presente y recordar que no eres únicamente aquello que deseas, aquello que posees o aquello que temes perder.
Al finalizar, permanece unos minutos en silencio y observa esta pregunta:
Si durante unos instantes no necesito obtener nada, ¿quién soy?
Quizás no encuentres una respuesta inmediata.
Y quizás ese sea precisamente el comienzo de la práctica.
Porque mientras la mente busca desesperadamente algo que alcanzar para sentirse completa, tal vez el silencio nos permita descubrir que aquello que estamos buscando nunca estuvo realmente lejos.
Tal vez, como Ganesha, solo necesitábamos detenernos.
Y mirar.



Comentarios